A.R.
IZAMAL, YUCATÁN, 28/05/2026. —Lo que comenzó como el sueño de un niño de ocho años se convirtió, tres décadas después, en una historia de fe, perseverancia y devoción que hoy une a dos comunidades separadas por el mar, pero vinculadas por el amor a la Virgen María.
Hace 32 años, Humberto Ix Pérez, originario de la isla de Cozumel, llegó por primera vez a la ciudad de Izamal acompañando a un amigo de su padre, propietario de una calesa que viajaba con frecuencia a la llamada Ciudad de las Tres Culturas.

Durante aquella visita, el pequeño Humberto pidió que lo llevaran a conocer a la imagen de la Virgen venerada en el Convento de San Antonio de Padua. Aquella experiencia marcaría su vida para siempre.
Desde ese momento quedó cautivado por la imagen mariana y comenzó a crecer en él una profunda devoción, alimentada también por la fe que sus abuelos profesaban a la Virgen de Izamal.

Con la inocencia propia de la niñez, Humberto soñó entonces con tener una imagen idéntica. Sin embargo, el paso de los años no apagó ese deseo; por el contrario, lo fortaleció.
Ya en la adolescencia comenzó a trabajar para reunir recursos y convertir aquel sueño infantil en una realidad. A los 17 años decidió formalizar una promesa a la Virgen y encargó la elaboración de una imagen a artesanos talladores de Salamanca, Guanajuato.

El anhelo finalmente se concretó el 4 de noviembre de 2004, cuando, siendo ya adulto, inició los novenarios dedicados a la Virgen en Cozumel. Con el tiempo, la devoción fue creciendo y cada vez más personas comenzaron a participar en las celebraciones religiosas.
Hace cuatro años, Humberto tomó una decisión especial: llevar la imagen desde Cozumel hasta Izamal para reunirla simbólicamente con la Virgen que se encuentra en el altar principal del histórico convento franciscano.
Para lograrlo contactó a Antonio Pérez, custodio de la imagen izamaleña. La coincidencia de compartir el mismo apellido fue interpretada por ambos como una señal providencial que facilitó el encuentro.


Desde entonces, durante tres años consecutivos, Humberto ha viajado a Izamal para cumplir con la promesa que nació en su infancia y que hoy continúa fortaleciendo los lazos de fe entre ambas comunidades.
La visita de la imagen procedente de Cozumel ha despertado el cariño y la devoción de numerosas familias izamaleñas, quienes solicitan recibirla en sus hogares para pedir bendiciones y agradecer favores recibidos.

Lejos de considerar cumplida su misión, Humberto asegura que continuará realizando el viaje cada año mientras tenga salud y fuerza para hacerlo.
“Agradezco a Dios y a la Santísima Virgen María por darme salud y sobro todo por acrecentar cada día mi fe y mi amor por ella y a todos mis hermanos izamaleños por brindarme su hospitalidad y su confianza para que juntos podamos hacer realidad este sueño que desde pequeño había tenido en mi corazón, hoy la Dios y la Virgen me dan todo lo que necesito y con eso soy feliz”, comentó don Humberto con los ojos llenos de lágrimas y emoción.


Apoyado siempre por su familia, el cozumeleño continúa viajando a Izamal convencido de que la fe puede construir puentes invisibles entre personas, comunidades y generaciones.
Su historia es la prueba de que algunos sueños nacidos en la infancia no desaparecen con el tiempo; simplemente esperan el momento adecuado para convertirse en realidad.