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Generación “todavía no”: jóvenes retrasan independencia… pero no el antojo de quedarse en casa

Generación “todavía no”: jóvenes retrasan independencia… pero no el antojo de quedarse en casa

>>>Aunque factores económicos y sociales influyen, los datos reflejan una generación que retrasa decisiones clave de la vida adulta y permanece más tiempo en casa, entre comodidad, cambios culturales y nuevas formas de entender la independencia.

Alejandro Ruvalcaba.

MÉRIDA, YUCATÁN, 30/04/2026. — En México, cumplir 18 años ya no significa empacar maletas ni salir en busca de independencia. Para muchos jóvenes, la adultez llegó, pero se quedó en pausa, cómodamente instalada en la casa familiar, donde siguen siendo —con gusto o costumbre— los “bebés del hogar”.

Así lo confirma la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, que evidencia un cambio generacional: los jóvenes actuales tardan más en dejar el hogar, formar pareja y asumir responsabilidades tradicionales de la vida adulta.

Los números son claros: solo el 16.9 % de quienes nacieron entre 1998 y 2007 se independizó antes de los 18 años, muy por debajo del 31.1 % registrado en la generación de 1961-1967. Es decir, antes uno salía de casa temprano; hoy, muchos ni siquiera han considerado la idea.

Y no es solo cuestión de vivienda. La encuesta también muestra que solo el 15.0 % de la generación más joven inició una unión antes de los 18 años, frente al 22.4 % de generaciones anteriores. Tener hijos también se ha postergado: el porcentaje bajó de 15.9 % a 10.8 %.

Ni siquiera la migración escapa a esta tendencia. Mudarse en edades tempranas pasó de 21.3 % a 14.4 %, lo que sugiere que las nuevas generaciones no sólo permanecen más tiempo en casa, sino que también se mueven menos en busca de oportunidades.

La EDER 2025 analiza a 81.1 millones de personas entre 18 y 64 años, donde la generación más joven —de 1998 a 2007— representa 19.4 millones de personas (23.1 %). Una generación numerosa… y, en muchos casos, todavía instalada en su cuarto de siempre.

Más allá del tono ligero, la realidad es más compleja. El retraso en la independencia puede estar ligado a factores económicos, falta de acceso a vivienda, prolongación de estudios o precariedad laboral. Pero también refleja cambios culturales: nuevas formas de entender la vida adulta, menos apresuradas y, en algunos casos, más cómodas.

Porque sí, independizarse implica responsabilidades, y quedarse también tiene sus ventajas: comida lista, servicios compartidos y, a veces, hasta ropa limpia sin mucho esfuerzo.

Sin embargo, la tendencia invita a una reflexión: ¿se trata de una decisión consciente o de una falta de condiciones para dar el siguiente paso?

Entre cifras y anécdotas, lo cierto es que hay una generación que redefine los tiempos de crecer. Una que ya puede votar, trabajar y decidir… pero que, por ahora, no parece tener prisa por dejar el lugar donde aún le preguntan si ya comió.