A.R.
Progreso, Yucatán, 05/04/2026. — El puerto de Progreso vivió un domingo pleno, vibrante y sin etiquetas, donde cerca de 10 mil personas se dieron cita para disfrutar del mar, la arena, el sol y el viento, en una jornada marcada por la convivencia, la diversidad y la alegría compartida.
Desde temprano, la costa comenzó a llenarse de familias, amigos y visitantes que encontraron en la playa un espacio para desconectarse y disfrutar.
El murmullo del mar se mezcló con la música que salía de bocinas portátiles, mientras sombrillas y hieleras se convertían en parte del paisaje, creando pequeños refugios de sombra frente a los 35 grados que marcaba el termómetro.

En la zona del Playón, decenas de personas aprovecharon para tomarse fotografías junto a la ya icónica estatua de Poseidón, convertida en punto obligado para quienes buscan llevarse un recuerdo del día.
Otros optaron por caminar o lanzar sus líneas en el muelle del Pescador, donde padres e hijos compartían momentos de calma, entre risas, historias y la esperanza de una buena pesca.
En este domingo, no hubo distinciones. No importó si el traje de baño era de marca o del tianguis, si era bikini, short o una playera blanca con el logotipo de algún partido político.


Las actividades en el mar también marcaron la jornada. Paseos en lancha y recorridos en la “banana” ofrecieron momentos de adrenalina, mientras en la arena los niños construían castillos y los adultos se sumaban al ambiente festivo.
El torneo de voleiplaya, organizado por el Gobierno del Estado, reunió a jugadores y espectadores en una dinámica llena de energía y entusiasmo.





El sabor del puerto no se quedó atrás. Restaurantes, puestos y el mercado municipal de Progreso lucieron llenos, con visitantes en busca de mariscos frescos y antojitos locales. Las paleterías y locales de aguas frescas fueron un alivio constante ante el calor, refrescando a quienes no querían perderse ni un instante del día.

Así, entre música de todos los ritmos, risas, olas y encuentros, Progreso se convirtió en un mosaico humano donde cada historia encontró su lugar. Un domingo de playa que no solo reunió a miles, sino que dejó claro que, en el puerto, la alegría no entiende de diferencias.
FOTOS: ALEJANDRO RUVALCABA.